Judith

“Sólo quedaron en la tienda Judit y Holofernes, desplomado sobre su lecho y rezumando vino. Avanzó, después, hasta la columna del lecho que estaba junto a la cabeza de Holofernes, tomó de allí su cimitarra,[…] se acercó al lecho, agarró la cabeza de Holofernes por los cabellos […] y le cortó la cabeza. (Judit 13:2-6-7-8)

No debiste bajar desde los montes a sitiarme por sed,
a amenazarme con incendiar las tierras de mis padres,
a atravesar mis hijos con la espada,
a ultrajar la virtud de mis doncellas.
No debiste bajar con tus soldados a interceptar el agua del torrente
a poner en peligro a mis infantes,
a esclavizar mi pueblo,
a violentarlo con amagos de estúpida soberbia.
Porque yo soy Judith,
yo soy la madre,
a mi se aproximaron los rabinos para pedir que orara junto a ellos
pidiendo
a dios
la salvación del templo
de la rapiña,
el odio
y la blasfemia…
y yo no pude hacerlo.
Las plegarias
no acallaron el eco de las voces de los niños,
los viejos,
las mujeres,
daños colaterales repetidos a lo largo y a lo ancho de las guerras,
que se abrían camino hasta mi alma desde el oscuro fondo de la historia,
es decir
desde el fondo del olvido
con las voces del llanto que unifica a los desamparados de la tierra.
Por eso vine a ti.
Por eso vine
y te llevo conmigo a las murallas
donde habrás de esperar el nuevo día que ilumine la calma conseguida
con esta eternidad de tu vergüenza.
Por mano de mujer fuiste segado del tallo vigoroso
en esta noche
en que todo patriarca estuvo orando lejos de lo tajante de tu espada
y tu cuello dormido
y tu presencia
y el rostro sorprendido de tu muerte colgando de los ásperos cabellos
y tu cuello goteando negros coágulos al ritmo del insomnio de mis pasos
que regresan
cansados
por la arena.

1 comentario:

LUCIO dijo...

¡Buen poema! Un gran tema, la entrega de la carne por el amor al pueblo. La insobornable conciencia de aquellas mujeres! Procuraré mandarle un cuentito mio sobre Betsabé. Saludos Luis Flores Prado

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